En Mazagón, siempre hay dos alternativas para elegir. Se puede no hacer nada y sumergirse en la naturaleza salvaje que te rodea. No hacer nada y caminar entre los bosques de pinos por senderos poblados de romero, camarinas y sabinas.  Es posible no hacer nada y sentirse minúsculo contemplando los más de 40 metros de altura del Médano del Asperillo, una duna que se quedó anclada en la Era Terciaria. Y se puede optar por no hacer, de verdad, absolutamente nada, y pasarse el día tumbado en una hamaca al sol, disfrutando la refrescante brisa marina. O probar su gastronomía, conocer la cultura de la zona, practicar la pesca de altura, avistar delfines, pasear en bici…  Qué eliges, ¿todo o nada?
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La Luz sobre Médanos dorados, junto al mar más azul y el sol más de oro
 MAZAGÓN