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Lugares Colombinos

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La historia de Huelva está íntimamente ligada al descubrimiento de América, pues fue aquí donde se gestó la primera expedición de Colón y sus posteriores viajes. Los principales lugares históricos relacionados con este hecho constituyen una ruta declarada conjunto histórico artístico, bautizada con el nombre “Lugares Colombinos”, y comprenden -entre otros- el Muelle de las Carabelas y el Monasterio de La Rábida. Monasterio de la Rabida: El Monasterio de La Rábida es uno de los sitios que merece la pena ver, y con más historia. Desde luego, galardones no le faltan: Está declarado Monumento Nacional desde 1856, Patrimonio de la Humanidad y primer Monumento Histórico de los Pueblos Hispánicos en 1949. Se encuentra en el paraje de La Rábida, en el estuario de los Ríos Tinto y Odiel. Su fundación como monasterio se remonta al año 1291 siendo construido sobre un antiguo edificio almohade. La edificación actual data del siglo XIV-XV, y sigue perteneciendo a la orden franciscana. Pero la importancia de este monasterio no tuvo lugar hasta el siglo XV, estando íntimamente ligada al descubrimiento de América. Cristóbal Colón llegó a La Rábida en 1485, donde se alojó y planificó su primer viaje a América ayudado por los franciscanos Fray Antonio de Marchena y Juan Pérez, quienes le pusieron en contacto con los Reyes Católicos (que financiarían la expedición) y con el almirante Martín Alonso Pinzón. En los jardines que rodean el monasterio se puede ver el monumento a Colón, y los bustos de los franciscanos fray Juan Pérez y fray Antonio de Marchena. También un monolito de piedra (la Columna de los Descubridores), erigido para conmemorar el IV centenario, decorado con alegorías al descubrimiento. Llegando a la puerta de entrada hay una especie de rotonda con una cruz de hierro en el centro Una vez dentro del Monasterio, se visitan varias áreas: El claustro de la hospedería, el claustro de la comunidad franciscana, la iglesia, la sala capitular, y otras salas de la planta superior destinadas a museo. Claustro de la Hospedería o de las Flores: El Claustro de la Hospedería es el primer recinto que encontramos nada más entrar al monasterio. Su función era la de recibir a los visitantes. En el acceso hay cinco murales alegóricos del descubrimiento de América, obra de Manuel Vázquez Díaz. El claustro está repleto de macetas con flores y plantas, por lo que es apodado Claustro de las Flores. El Claustro franciscano y el Belén de América: El claustro franciscano es una de las pocas partes que se conservan del primer monasterio del siglo XV, de estilo mudéjar. Desde él se accede a la Sala de Conferencias (apodada el “Belén de América”, pues es donde se gestó todo el proyecto del viaje a América), y al Refectorio, que cuenta con púlpito, un Crucificado románico del siglo XIV y varios cuadros. La Iglesia del monasterio de La Rábida: La iglesia del monasterio es gótica aunque conserva algunas partes mudéjares, como el precioso artesonado de madera policromada o el arco de acceso a la capilla. Tiene varias capillas laterales decoradas con friso de azulejos, y varios frescos originales en sus muros. Lo más destacable es el sepulcro de Pinzón bajo el altar mayor, y la capilla de Santa Mª de la Rábida, donde se encuentra la talla más valiosa del monasterio: Ntra. Sra. De los Milagros. Es una Virgen muy pequeñita, realizada en alabastro en el siglo XII, pero ha merecido la visita de Juan Pablo II, que vino a coronarla canónicamente en 1993. La Sala Capitular o Celda del Padre Marchena: Es la sala más grande del monasterio de La Rábida (y no lo es mucho). El techo está cubierto por un artesonado de madera, y hay varios lienzos y muebles antiguos. Otras salas museísticas: Aparte de poder ver las pequeñas celdas de los frailes o la biblioteca, hay varias salas más en las que se exhiben, a modo de museo, diversos cuadros y objetos relacionados con el Nuevo Mundo. Llama la atención una especialmente, en la que hay varios cofres llenos de tierra de los diversos países iberoamericanos, así como sus banderas. En otra se exhiben las maquetas de las tres carabelas. No hay que deja de mencionar, los frescos llamados de "Las Conferencias" pintados por el artista nervense, Daniel Vazquez Diaz, donde el pintor quiere evocar las conversaciones de Colón en el Convento. Estamos ante el germen de su más ambiciosa obra en la que se funden la modernidad con la impactante influencia del portugués Nuno Gonçalves.  Una sucesión de escenas de gran fuerza y maestría.  donde los rostros de los frailes representados corresponden a marineros de Palos y a franciscanos que moraban en La Rábida en el momento de su ejecución, entre 1929 y 1930. Tras haber contado la llegada de Colón a la Rábida se narra en este ciclo las conversaciones del descubridor con sus anfitriones, para exponer el proyecto y discutir dudas. Tomó como modelos a religiosos del convento, del mismo modo que tomó a gente del pueblo para el resto de las composiciones, con lo que, los personajes de la obra son verdaderos retratos.. Como él mismo refirió una vez al hablar de esta obra: " Es indudable que influyó el paisaje, la luz y la raza de aquellos hombres de la Baja Andalucía. Sus retratos viven en aquellas pinturas, hombres de Palos, de Moguer, marineros, trabajadores de sus viñas y estirpe de la raza". El Muelle de las Carabelas Es un monumento museístico a los viajes de Cristóbal Colón, al descubrimiento de América y al inicio de una de las épocas más intensas de la historia. Es un sitio ideal para ir en familia y con niños. La visita al Muelle de las Carabelas se compone de varios espacios: El Centro de Interpretación, en el que hay una exposición de fotografías , además de una sala audiovisual con la proyección de un documental sobre el viaje de Colón. También hay otra zona museística, en la que se exponen documentos, instrumentos de navegación, armas, herramientas, trajes, instrumentos musicales, etc del siglo XV, así como una exposición de objetos de arte precolombino en la planta de arriba. El Muelle de las Carabelas propiamente dicho, donde puedes ver réplicas a tamaño real de las tres carabelas (Pinta, Niña y Santa María). Se puede entrar en ellas, e incluso bajar a las bodegas, que están totalmente ambientadas con figuras humanas de los tripulantes, almacén de víveres, etc. Es el principal atractivo turístico del lugar, y fueron construidas en 1992, con motivo del V Centenario del descubrimiento. En uno de los laterales del muelle se halla la recreación de un barrio portuario medieval, con su mercado, un alfar, carretas… Normalmente hay gente disfrazada que organiza juegos, especialmente para niños, y a ciertas horas hay talleres de artesanía. Isla del Encuentro: Frente a las carabelas se encuentra la Isla del Encuentro, que intenta recrear qué es lo que encontraron los navegantes al llegar la isla de Guanahani, al otro lado del Atlántico: Un poblado típico indígena, con cabañas de madera y paja, estatuas que representan a los habitantes haciendo labores cotidianas (pescar, cocinar), e incluso la fauna (loros, tortugas gigantes, peces…) Palos de la Frontera, La Iglesia de San Jorge y la Fontanilla: Un punto muy importante en esta ruta histórica ya que en la Iglesia de San Jorge, el 23 de mayo de 1492, se reunieron el Cabildo y los habitantes del pueblo, con Cristóbal Colón presente, para leer la orden real que les pedía a los palermos (gentilicio de Palos de la Frontera) entregar dos carabelas a Colón y que lo acompañaran en su travesía. En esta iglesia, de estilo gótico mudéjar, la madrugada del 3 de agosto de 1492, después de los actos en honor a la virgen de Nuestra Señora de los Milagros, los marinos rezaron, comulgaron y partieron rumbo a ese viaje histórico. Del puerto de Palos de la Frontera zarparon- un 3 de agosto de 1492- las tres carabelas, arribando a tierras americanas un 14 de Octubre del mismo año, y regresando de nuevo a Palos el 15 de Marzo de 1493. Antes de partir se aprovisionaron de agua potable en una fuente pública conocida como La Fontanilla, una joya mudéjar del siglo XIII que hoy puede verse en el Parque homónimo. El Convento de Santa Clara: A pocos kilómetros se encuentra Moguer, ahí se localiza el Monasterio de Santa Clara, fundado en 1337. La vinculación americana del monasterio de Santa Clara se inicia en los momentos previos al primer viaje colombino. Las cuatro estancias de Cristóbal Colón en Palos, La Rábida y Moguer, entre 1485 y 1493, quedaron íntimamente relacionadas con personas y estamentos concretos de ambas villas. Los contactos del genovés con este monasterio de clarisas fueron decisivos para la culminación de su proyecto de descubrimiento. Su abadesa, Inés Enríquez, tía del rey Fernando el Católico jugó un papel protagonista en la aceptación del plan colombino por parte de los monarcas. Consta documentalmente que la abadesa de Santa Clara mantuvo relación epistolar con el Almirante, y cómo éste, veló e hizo decir una misa de acción de gracias en la iglesia conventual la madrugada del 16 de marzo de 1493, al regreso de su primer viaje, cumpliendo el "voto" enunciado por la tripulación de la carabela La Niña el jueves 14 de febrero de aquel año cuando una tormenta amenazó con hundir la nave a la altura de las Azores
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